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jueves, 28 de junio de 2012
MI SUEÑO HECHO REALIDAD: CAPÍTULO 1
Bueno, después de mucho tiempo desde que colgue el prólogo, aquí os dejo el capítulo 1 de mi historia Mi Sueño Hecho Realidad. Espero que os guste
Esta mañana salgo tranquilamente de mi clase de Literatura Universal en la universidad y ¡joder! tengo examen dentro de dos semanas y no tengo prácticamente idea de nada. Y eso, me pasa por soñar despierta en clase.
CAPÍTULO 1
Esta mañana salgo tranquilamente de mi clase de Literatura Universal en la universidad y ¡joder! tengo examen dentro de dos semanas y no tengo prácticamente idea de nada. Y eso, me pasa por soñar despierta en clase.
Y en parte es que no me importa.
Sé que esto es importante para mi carrera y tal, pero no le puedo decir que no cuando se me viene a la cabeza. Llevo pensando en él desde siempre. Nunca he tenido lo que se dice amigos de verdad, a excepción de Megan, Javier y Lucke, pero como viven en Salamanca los tres, realmente no cuenta cuando yo esto aquí, en la ciudad sola, con solo un teléfono o Internet para poder comunicarme con ellos. No es como si estuvieran aquí conmigo. Entonces, embobada me pongo a pensar en él y a veces pasa sin que me de cuenta de ello.
ÉL. Un hombre que mide dos metros, musculoso, guapo y que se preocupa por mí. Sé que es parte de mi imaginación, pero es lo mejor que tengo en este momento. Tiene un pelo que le llega por lo hombros y que normalmente se lo ata en una coleta baja. Ojos negros como la misma noche, esos son mi perdición. Y es mi hombre perfecto.
Teniendo esto en la mente, me dirijo hacia el aparcamiento de la residencia, donde está aparcado mi coche, un Audi A5 blanco, regalo especial de mis abuelos. Lo suelo coger para venir hasta la ciudad, dado que vivo en u chalet a las afueras de León y me queda un poco lejos; y eso no me importa porque adoro el silencio que hay allí.
Pero lo que veo al entrar allí casi hace que me caiga.
EL coche está todo pintado de rojo y hay algunos cristales rotos. Corriendo me dirijo hacie este y descubro que en el asiento trasero hay una nota con mi nombre escrito en ella:
Querida Rose,
Espero que te guste el modo en el que los chicos y yo te hemos decorado el coche. Nos ha costado un poco, pero el resultado ha sido fantástico!! Para que veas que te queremos; espero que te guste.Un besazo enorme xD Silvia
Normalmente no lloro, pero esto ya se pasaba un poco demasiado de los límites, y últimamente no estoy teniendo un buen tiempo. Lo último que necesito ahora es esto de parte de esa grandísima perra.
Me meto en el coche, conteniendo la lágrima lo mejor que puedo, - un intento fallido - poniendo rumbo a casa mientras todas las personas alrededor me miran curiosas.
Lo primero que hago al llegar a casa es meterme en mi cuarto y llorar. Ya me preocuparía más adelante del coche, porque realmente no sé de dónde voy a sacar el dinero para arreglarlo.
Pasaron unas cuantas horas cuando Megan me llama para salir. Los fines de semana los tres, ella, Lucke y Javier aprovechan para venir a verme.
- Hey Rose, espero que esta noche no tengas nada que hacer, porque ya tengo planes para ti.
- Hola a ti también Megan. Realmente no tengo ganas de salir hoy; no me encuentro muy bien.
- Rose, nos conocemos de toda una vida, así que no me vengas con esas. Si tengo que ir hasta tu casa y sacarte de allí, puedes estar segura de que lo haré.
- Pues ya lo estás haciendo porque no pienso ir por mi propio pie.
Adoro a Megan, en serio, pero a veces hace cosas como esta y no la soporto; es de la clase de gente que cuando se le mete en la cabeza algo tiene que hacerlo sí o sí.
Una hora después y fiel a su palabra, allí estaba mi amiga aporreando la puerta de mi casa cual saco de boxeo se tratase.
- Megan, por favor, no me encuentro bien, así que deja de gritar de una puñetera vez, no estoy sorda.
- Vale - dice con una sonrisa en la cara - Nada de gritos, peo hay que prepararte; Javier y Lucke estarán en el club dentro de una hora.
Realmente me gusta su carácter, nadie se pone por encima de ella si no quiere acabar mal. Supongo que por eso somos tan buenas amigas.
Mientras Megan sigue dspotricando cosas de que me puedo poner, entra en mi cuarto como si se tratase del suyo y, al pasar al lado de mi cómoda, ve el montón de pañuelos tirados en el suelo y la nota de Silvia. La coge, la lee y acto seguido la quema en la pequeña chimenea que hay en mi cuarto.
- ¡ Pero qué...!
- Encima quieres que te deje aquí sola. No pienso dejar que esa perra te martilice de esta manera, así que vamos.
Después de rebuscar por todo mi armario, Megan se decide por unos vaqueros ajustados que me regaló hace un año, una camisa negra con los hombros descubiertos y unos zapatos haciendo juego.
Pasaron unas cuantas horas cuando Megan me llama para salir. Los fines de semana los tres, ella, Lucke y Javier aprovechan para venir a verme.
- Hey Rose, espero que esta noche no tengas nada que hacer, porque ya tengo planes para ti.
- Hola a ti también Megan. Realmente no tengo ganas de salir hoy; no me encuentro muy bien.
- Rose, nos conocemos de toda una vida, así que no me vengas con esas. Si tengo que ir hasta tu casa y sacarte de allí, puedes estar segura de que lo haré.
- Pues ya lo estás haciendo porque no pienso ir por mi propio pie.
Adoro a Megan, en serio, pero a veces hace cosas como esta y no la soporto; es de la clase de gente que cuando se le mete en la cabeza algo tiene que hacerlo sí o sí.
Una hora después y fiel a su palabra, allí estaba mi amiga aporreando la puerta de mi casa cual saco de boxeo se tratase.
- Megan, por favor, no me encuentro bien, así que deja de gritar de una puñetera vez, no estoy sorda.
- Vale - dice con una sonrisa en la cara - Nada de gritos, peo hay que prepararte; Javier y Lucken estarán en el club dentro de una hora.
Realmente me gusta su carácter, nadie se pone por encima de ella si no quiere acabar mal. Supongo que por eso somos tan buenas amigas.
Mientras Megan sigue dspotricando cosas de que me puedo poner, entra en mi cuarto como si se tratase del suyo y, al pasar al lado de mi cómoda, ve el montón de pañuelos tirados en el suelo y la nota de Silvia. La coge, la lee y acto seguido la quema en la pequeña chimenea que hay en mi cuarto.
- ¡ Pero qué...!
- Encima quieres que te deje aquí sola. No pienso dejar que esa perra te martilice de esta manera, así que vamos.
Después de rebuscar por todo mi armario, Megan se decide por unos vaqueros ajustados que me regaló hace un año, una camisa negra con los hombros descubiertos y unos zapatos haciendo juego.
Un rato después estamos en el Chevy de Megan camino del club.
Agradezco silenciosamente a Megan estos momentos en los que me hace salir de casa para que no piense en cualquier cosa que me haya sucedido durante el día y tengo muchas ganas de ver a Lucke y a Javier.
Entramos al club cuando llegamos y encontramos a los chicos en el mismo lugar de siempre.
- Hey! chicas, !ya era hora! - dice Lucke riéndose - Rose, !cuánto tiempo! - y se levanta para darme un abrazo. Es un exagerado, porque nos vimos la semana pasada, pero él es así. Y como me gusta su modo de ser, siempre le sigo la corriente.
- Sí, lo sé. He estado ocupada con las cosas de la universidad y tal; ya sabes.
Lucke, un chico alto, moreno y con ojos color miel, siempre ha sido mi mejor amigo. Siempre que he tenido algún problema, ahí estaba él; nunca me ha fallado. Por eso le quiero tanto y no sé qué me pasaría si le perdiera.
- Sí, da gusto verte de nuevo - Y Javier, un poco más bajo que Lucke, rubio y con ojos azules, un gran hombre.
- Lo mismo digo - Me da un gusto enorme vernos juntos, dado que ya no estamos tanto tiempo juntos, al vivir en otra ciudad.
- Bueno - dice Megan - dejémonos de charla y vayamos a divertirnos.
Dicho esto, los cuatro nos ponemos en movimiento y cuatro horas después, yo ya tengo ganas de regresar a casa; no tengo tantas ganas de seguir por ahí, son las 02:00h de la madrugada, y tengo que hacer unas cuantas cosas mañana, y así se lo hago saber a los chicos.
- Hey, chicos creo que me voy a ir a casa.
- Pero Rose - se queja Megan - todavía es pronto, y yo no tengo ganas de irme.
- Megan, cariño, no te preocupes por mí. Solo estoy cansada, no soy inútil, puedo ir caminando; además, creo que me iría bien dar un paseo. Tú sigue desmadrándote con estos dos sin mí.
- ¿Estás segura? - me pregunta Lucke, procupándose por mí como siempre - A mí no me importaría llevarte.
- Segura. De verdad, no pasa nada.
- Vale, pero llámanos cuando llegues a casa.
- Sí, mami. Lo haré
Y entre risas me marcho del club en el que estamos y me dirijo a casa, pero en el camino me encuentro a la persona menos indicada: Silvia.
Ahora es cuando me arrepiento de haberle dicho a Lucke que no viniera conmigo.
- Hey, Rose - dice Silvia on una sonrisa en la cara - ¿Te gustó el modo en el que te dejamos el coche? No fue muy difícil la verdad. Un poco de pintura por aquí y por allí, un bate de baseball por alguna ventana y... ¡Voilá!
- Déjame en paz, Silvia.
- Ohh, que la chica demuestra carácter - dice uno de los amigos de Silvia, lo que provoca las risas de todo el grupo.
Al final no sé cómo logro salir de allí, porque entre los insultos que comenzaron, los empujones y las burlas, me estaba costando respirar.
Me largo de allí y, cuando aún me queda una media hora para llegar a casa, decido sentarme en un banco que hay en la calle justo enfrente del río y me pongo a pensar acerca de mi vida.
No sé cuál es el propósito que tengo en este mundo, no se me da nada bien y parce que no encajo.
A excepción de mis tres grandes amigos, todo lo demás no tiene sentido en mi vida. No me relaciono con la gente, y no es porque no quiera, es que ellos piensan que soy un bicho raro.
Llevo sentada aquí una hora cuando me acuerdo de que tengo que llamar a Megan, y decido mandarle un mensaje para que no se preocupe.
Cuando me levanto y decido irme a casa, alguien me coje por el brazo para impedirmelo.
Me asustó y cuando me doy la vuelta para soltarme, me quedo petrificada. Es un hombre alto, metro noventa diría yo, rubio y con ojos negros.
¿Qué cojones quiere un tipo cómo este de mí? A ver, no es que sea la gran cosa, mido 1'74, tengo el pelo castaño cobrizo y ojos marrones, y me considero una chica del montón.
- Perdona que te moleste, ¿estás bien? - dice el hombre con una sonrisa apenas visible - Soy Esteban, y al verte aquí sola pensé que te pasaba algo.
- ¡Suéltame! - digo un poco irritada - Estoy bien, no necesito que nadie se preocupe por mí.
- Oye si quieres hablar... O si quieres que le puedo dar una lección a tu novio por dejarte aquí plantada.
- Mira, nadie me ha dejado plantada así que déjame en paz.
Y otra vez, al hacer el amago de darme la vuelta para irme, me coge del brazo y ya un poco hasta los cojones de todo, me doy la vuelta, le miro y, como si nada, le pego un rollidazo en sus partes nobles.
Con eso, consigo que me suelte y echo a correr dirección a mi casa.
Al llegar, lo único que hago es meterme en mi habitación, quitarme la ropa y meterme en la cama.
El último pensamiento que tengo antes de dormirme es que mi chico me está llevando en una fantástico coche por una carretera desierta, camino de nuestro futuro.
Sé que esto es importante para mi carrera y tal, pero no le puedo decir que no cuando se me viene a la cabeza. Llevo pensando en él desde siempre. Nunca he tenido lo que se dice amigos de verdad, a excepción de Megan, Javier y Lucke, pero como viven en Salamanca los tres, realmente no cuenta cuando yo esto aquí, en la ciudad sola, con solo un teléfono o Internet para poder comunicarme con ellos. No es como si estuvieran aquí conmigo. Entonces, embobada me pongo a pensar en él y a veces pasa sin que me de cuenta de ello.
ÉL. Un hombre que mide dos metros, musculoso, guapo y que se preocupa por mí. Sé que es parte de mi imaginación, pero es lo mejor que tengo en este momento. Tiene un pelo que le llega por lo hombros y que normalmente se lo ata en una coleta baja. Ojos negros como la misma noche, esos son mi perdición. Y es mi hombre perfecto.
Teniendo esto en la mente, me dirijo hacia el aparcamiento de la residencia, donde está aparcado mi coche, un Audi A5 blanco, regalo especial de mis abuelos. Lo suelo coger para venir hasta la ciudad, dado que vivo en u chalet a las afueras de León y me queda un poco lejos; y eso no me importa porque adoro el silencio que hay allí.
Pero lo que veo al entrar allí casi hace que me caiga.
EL coche está todo pintado de rojo y hay algunos cristales rotos. Corriendo me dirijo hacie este y descubro que en el asiento trasero hay una nota con mi nombre escrito en ella:
Querida Rose,
Espero que te guste el modo en el que los chicos y yo te hemos decorado el coche. Nos ha costado un poco, pero el resultado ha sido fantástico!! Para que veas que te queremos; espero que te guste.Un besazo enorme xD Silvia
Normalmente no lloro, pero esto ya se pasaba un poco demasiado de los límites, y últimamente no estoy teniendo un buen tiempo. Lo último que necesito ahora es esto de parte de esa grandísima perra.
Me meto en el coche, conteniendo la lágrima lo mejor que puedo, - un intento fallido - poniendo rumbo a casa mientras todas las personas alrededor me miran curiosas.
Lo primero que hago al llegar a casa es meterme en mi cuarto y llorar. Ya me preocuparía más adelante del coche, porque realmente no sé de dónde voy a sacar el dinero para arreglarlo.
Pasaron unas cuantas horas cuando Megan me llama para salir. Los fines de semana los tres, ella, Lucke y Javier aprovechan para venir a verme.
- Hey Rose, espero que esta noche no tengas nada que hacer, porque ya tengo planes para ti.
- Hola a ti también Megan. Realmente no tengo ganas de salir hoy; no me encuentro muy bien.
- Rose, nos conocemos de toda una vida, así que no me vengas con esas. Si tengo que ir hasta tu casa y sacarte de allí, puedes estar segura de que lo haré.
- Pues ya lo estás haciendo porque no pienso ir por mi propio pie.
Adoro a Megan, en serio, pero a veces hace cosas como esta y no la soporto; es de la clase de gente que cuando se le mete en la cabeza algo tiene que hacerlo sí o sí.
Una hora después y fiel a su palabra, allí estaba mi amiga aporreando la puerta de mi casa cual saco de boxeo se tratase.
- Megan, por favor, no me encuentro bien, así que deja de gritar de una puñetera vez, no estoy sorda.
- Vale - dice con una sonrisa en la cara - Nada de gritos, peo hay que prepararte; Javier y Lucke estarán en el club dentro de una hora.
Realmente me gusta su carácter, nadie se pone por encima de ella si no quiere acabar mal. Supongo que por eso somos tan buenas amigas.
Mientras Megan sigue dspotricando cosas de que me puedo poner, entra en mi cuarto como si se tratase del suyo y, al pasar al lado de mi cómoda, ve el montón de pañuelos tirados en el suelo y la nota de Silvia. La coge, la lee y acto seguido la quema en la pequeña chimenea que hay en mi cuarto.
- ¡ Pero qué...!
- Encima quieres que te deje aquí sola. No pienso dejar que esa perra te martilice de esta manera, así que vamos.
Después de rebuscar por todo mi armario, Megan se decide por unos vaqueros ajustados que me regaló hace un año, una camisa negra con los hombros descubiertos y unos zapatos haciendo juego.
Pasaron unas cuantas horas cuando Megan me llama para salir. Los fines de semana los tres, ella, Lucke y Javier aprovechan para venir a verme.
- Hey Rose, espero que esta noche no tengas nada que hacer, porque ya tengo planes para ti.
- Hola a ti también Megan. Realmente no tengo ganas de salir hoy; no me encuentro muy bien.
- Rose, nos conocemos de toda una vida, así que no me vengas con esas. Si tengo que ir hasta tu casa y sacarte de allí, puedes estar segura de que lo haré.
- Pues ya lo estás haciendo porque no pienso ir por mi propio pie.
Adoro a Megan, en serio, pero a veces hace cosas como esta y no la soporto; es de la clase de gente que cuando se le mete en la cabeza algo tiene que hacerlo sí o sí.
Una hora después y fiel a su palabra, allí estaba mi amiga aporreando la puerta de mi casa cual saco de boxeo se tratase.
- Megan, por favor, no me encuentro bien, así que deja de gritar de una puñetera vez, no estoy sorda.
- Vale - dice con una sonrisa en la cara - Nada de gritos, peo hay que prepararte; Javier y Lucken estarán en el club dentro de una hora.
Realmente me gusta su carácter, nadie se pone por encima de ella si no quiere acabar mal. Supongo que por eso somos tan buenas amigas.
Mientras Megan sigue dspotricando cosas de que me puedo poner, entra en mi cuarto como si se tratase del suyo y, al pasar al lado de mi cómoda, ve el montón de pañuelos tirados en el suelo y la nota de Silvia. La coge, la lee y acto seguido la quema en la pequeña chimenea que hay en mi cuarto.
- ¡ Pero qué...!
- Encima quieres que te deje aquí sola. No pienso dejar que esa perra te martilice de esta manera, así que vamos.
Después de rebuscar por todo mi armario, Megan se decide por unos vaqueros ajustados que me regaló hace un año, una camisa negra con los hombros descubiertos y unos zapatos haciendo juego.
Un rato después estamos en el Chevy de Megan camino del club.
Agradezco silenciosamente a Megan estos momentos en los que me hace salir de casa para que no piense en cualquier cosa que me haya sucedido durante el día y tengo muchas ganas de ver a Lucke y a Javier.
Entramos al club cuando llegamos y encontramos a los chicos en el mismo lugar de siempre.
- Hey! chicas, !ya era hora! - dice Lucke riéndose - Rose, !cuánto tiempo! - y se levanta para darme un abrazo. Es un exagerado, porque nos vimos la semana pasada, pero él es así. Y como me gusta su modo de ser, siempre le sigo la corriente.
- Sí, lo sé. He estado ocupada con las cosas de la universidad y tal; ya sabes.
Lucke, un chico alto, moreno y con ojos color miel, siempre ha sido mi mejor amigo. Siempre que he tenido algún problema, ahí estaba él; nunca me ha fallado. Por eso le quiero tanto y no sé qué me pasaría si le perdiera.
- Sí, da gusto verte de nuevo - Y Javier, un poco más bajo que Lucke, rubio y con ojos azules, un gran hombre.
- Lo mismo digo - Me da un gusto enorme vernos juntos, dado que ya no estamos tanto tiempo juntos, al vivir en otra ciudad.
- Bueno - dice Megan - dejémonos de charla y vayamos a divertirnos.
Dicho esto, los cuatro nos ponemos en movimiento y cuatro horas después, yo ya tengo ganas de regresar a casa; no tengo tantas ganas de seguir por ahí, son las 02:00h de la madrugada, y tengo que hacer unas cuantas cosas mañana, y así se lo hago saber a los chicos.
- Hey, chicos creo que me voy a ir a casa.
- Pero Rose - se queja Megan - todavía es pronto, y yo no tengo ganas de irme.
- Megan, cariño, no te preocupes por mí. Solo estoy cansada, no soy inútil, puedo ir caminando; además, creo que me iría bien dar un paseo. Tú sigue desmadrándote con estos dos sin mí.
- ¿Estás segura? - me pregunta Lucke, procupándose por mí como siempre - A mí no me importaría llevarte.
- Segura. De verdad, no pasa nada.
- Vale, pero llámanos cuando llegues a casa.
- Sí, mami. Lo haré
Y entre risas me marcho del club en el que estamos y me dirijo a casa, pero en el camino me encuentro a la persona menos indicada: Silvia.
Ahora es cuando me arrepiento de haberle dicho a Lucke que no viniera conmigo.
- Hey, Rose - dice Silvia on una sonrisa en la cara - ¿Te gustó el modo en el que te dejamos el coche? No fue muy difícil la verdad. Un poco de pintura por aquí y por allí, un bate de baseball por alguna ventana y... ¡Voilá!
- Déjame en paz, Silvia.
- Ohh, que la chica demuestra carácter - dice uno de los amigos de Silvia, lo que provoca las risas de todo el grupo.
Al final no sé cómo logro salir de allí, porque entre los insultos que comenzaron, los empujones y las burlas, me estaba costando respirar.
Me largo de allí y, cuando aún me queda una media hora para llegar a casa, decido sentarme en un banco que hay en la calle justo enfrente del río y me pongo a pensar acerca de mi vida.
No sé cuál es el propósito que tengo en este mundo, no se me da nada bien y parce que no encajo.
A excepción de mis tres grandes amigos, todo lo demás no tiene sentido en mi vida. No me relaciono con la gente, y no es porque no quiera, es que ellos piensan que soy un bicho raro.
Llevo sentada aquí una hora cuando me acuerdo de que tengo que llamar a Megan, y decido mandarle un mensaje para que no se preocupe.
Cuando me levanto y decido irme a casa, alguien me coje por el brazo para impedirmelo.
Me asustó y cuando me doy la vuelta para soltarme, me quedo petrificada. Es un hombre alto, metro noventa diría yo, rubio y con ojos negros.
¿Qué cojones quiere un tipo cómo este de mí? A ver, no es que sea la gran cosa, mido 1'74, tengo el pelo castaño cobrizo y ojos marrones, y me considero una chica del montón.
- Perdona que te moleste, ¿estás bien? - dice el hombre con una sonrisa apenas visible - Soy Esteban, y al verte aquí sola pensé que te pasaba algo.
- ¡Suéltame! - digo un poco irritada - Estoy bien, no necesito que nadie se preocupe por mí.
- Oye si quieres hablar... O si quieres que le puedo dar una lección a tu novio por dejarte aquí plantada.
- Mira, nadie me ha dejado plantada así que déjame en paz.
Y otra vez, al hacer el amago de darme la vuelta para irme, me coge del brazo y ya un poco hasta los cojones de todo, me doy la vuelta, le miro y, como si nada, le pego un rollidazo en sus partes nobles.
Con eso, consigo que me suelte y echo a correr dirección a mi casa.
Al llegar, lo único que hago es meterme en mi habitación, quitarme la ropa y meterme en la cama.
El último pensamiento que tengo antes de dormirme es que mi chico me está llevando en una fantástico coche por una carretera desierta, camino de nuestro futuro.
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